Autor: 
Luis Miguel Jiménez

Encalostramiento

La base de una buena crianza comienza con la administración del calostro. Este es el primer alimento que va a recibir la ternera y va a proveer a la futura novilla de nutrientes esenciales que favorecerán su metabolismo y estimularán el tracto intestinal. 

La función del calostro es instaurar la inmunidad pasiva en la ternera gracias a la riqueza de esta primera secreción mamaria en inmunoglobulinas (Ig) del tipo IgG, IgA, IgM. Estas inmunoglobulinas van a garantizar la inmunidad pasiva de la ternera hasta que el animal desarrolle la inmunidad activa. 

La calidad, la cantidad y el momento de administración del calostro son los factores más importantes que afectan a la morbilidad y a la mortalidad de la ternera (McEwan et al., 1970). El calostro contiene el doble de materia seca, tres veces más minerales y cinco veces más proteína que la leche cruda. Las inmunoglobulinas se encuentran en un alto porcentaje y de ellas depende, en gran medida, la cantidad de sólidos del calostro. La composición del calostro varía dependiendo del ordeño. En general, el contenido en sólidos y
también en inmunoglobulinas se reduce con el paso de las horas. 

En los bovinos los anticuerpos no pueden atravesar la barrera placentaria y por lo tanto deben absorberse por vía intestinal. Durante las primeras 24 horas de vida la barrera intestinal es permeable y las inmunoglobulinas pueden atravesarla. Es fundamental que la ternera reciba durante las primeras 12 horas de vida una cantidad de calostro equivalente al 10% de su peso vivo, lo que equivale aproximadamente a 4 l de calostro. Estas pautas son determinantes, puesto que la pared intestinal de la ternera es permeable a moléculas de gran peso molecular, como son las inmunoglobulinas, solamente en esas primeras horas.

La capacidad de los terneros para absorber los anticuerpos disminuye rápidamente durante las primeras 24 horas. Journal of Dairy Science, 62: 1766-1773.

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El porcentaje de inmunoglobulinas en el calostro desciende a medida que aumentan los ordeños. Normalmente el segundo ordeño contiene un 60-70% de Igs con respecto al primero. La vida media de la IgG es de 21 días, la de la IgM es de cuatro días y la de la IgA de tan solo dos días. La IgG constituye el 80-85% de todos los anticuerpos del calostro, la IgA el 8-10% y la IgM el 5-12%. La calidad del calostro está en función de la concentración de inmunoglobulinas (sobre todo de la IgG1) y de la ausencia de bacterias. La cantidad de anticuerpos dependerá en gran medida de la exposición de la madre a los agentes infecciosos.

Esto explica que vacas con más partos tengan un calostro más rico en inmunoglobulinas que una novilla. De hecho, un buen programa vacunal de la vaca seca puede favorecer
la inmunidad pasiva de la ternera. Otros factores de los que dependen la cantidad de inmunoglobulinas son:
■■ Producción lechera (a mayor producción de leche, menor concentración de Ig).
■■ Estado inmunitario de la madre (vacunas).
■■Duración del periodo seco (mínimo 3-4 semanas).
■■Alimentación de la vaca seca (proteína y energía).
■■ Edad de la vaca (las Ig aumentan con la edad).
■■ Fugas de leche en el preparto.
■■Raza (la raza Jersey tiene más Ig que la Holstein).
■■ Época del año (las temperaturas extremas no favorecen la cantidad de Ig).

Composición del calostro y de la leche en transición. Journal of Dairy Science, 61: 1033-1060.

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La cantidad de Igs se puede medir mediante el calostrómetro que mide realmente la densidad del calostro, clasificándolo en calidad superior (>50-140 mg/ml), aceptable (20-50 mg/ml) e inaceptable (<20 mg/ml). También se puede medir la cantidad de IgG1 a la semana de vida de la ternera. La concentración sérica de IgG1 debe ser de al menos 1.000 mg/dl (Tyler et al., 1996; Weaver et al., 2000). Si esta concentración es <1.000 mg/dl se puede estimar que ha habido un fallo en la transferencia pasiva (FTP). 

Por otro lado, es aconsejable que el calostro sea de la madre o en su defecto disponer de calostro congelado de hembras multíparas, garantizando que la concentración de inmunoglobulinas sea la adecuada. Para comprobar si se ha producido una buena transferencia de inmunidad, lo recomendable es comprobar si ha habido una absorción apropiada de las inmunoglobulinas evaluando la concentración de proteínas séricas totales 24-48 horas después del encalostramiento.

Esta medida se correlaciona con la cantidad de Ig. Si la ternera ha recibido una elevada cantidad de calostro de calidad la concentración de proteínas séricas se debe situar como mínimo en 5,4 g/dl. Concentraciones más bajas de proteínas alertan de un
posible riesgo de padecer enfermedades. También se puede medir la cantidad de IgG, cuya concentración mínima debe ser de 10 g/l. El manejo del calostro debe ser cuidadoso,
extremando las medidas de higiene para disminuir el alto riesgo que existe de contaminación bacteriana.

Se puede analizar el contenido de bacterias del calostro, el cual no debe ser superior a 100.000 UFC/ml (McGuirck y Collins, 2004). Si es superior a esta cantidad se pueden producir interferencias con la absorción de las inmunoglobulinas (James et al., 1981; Poulson et al., 2002; Johnson et al., 2007; Elizondo-Salazar y Heinrichs, 2009) y suponer una fuente de infección de determinados microorganismos como Mycobacterium avium paratuberculosis, Mycoplasma bovis, Salmonella spp., y otros patógenos intestinales (Streeter et al., 1995; Steele et al., 1997; Walz et al., 1997).

Para prevenir una contaminación del calostro hay que preparar la ubre de la vaca recién parida. Se recomienda usar un baño de pezones con un desinfectante adecuado y secar toda la piel y la punta del pezón una vez transcurridos 20 segundos de la aplicación. La unidad de ordeño con la que se ordeñe la vaca recién parida, debe estar en unas buenas condiciones higiénicas. La mejor alternativa para destruir la flora bacteriana es el tratamiento térmico (Godden et al., 2006; Johnson et al., 2007; Elizondo-Salazar y Heinrichs, 2009). La pasteurización a 60 °C durante 60 minutos es suficiente para reducir la concentración de bacterias y mantener intacta la actividad de las inmunoglobulinas. En estas condiciones el calostro se podrá mantener en refrigeración durante 8-10 días (Godden, 2008)

Si el calostro no se administra rápidamente se puede refrigerar a 4 °C. A esta temperatura se puede mantener en buenas condiciones cerca de 24 horas. La mejor alternativa para conservar el calostro durante más tiempo es la congelación a -20 °C, lo que garantiza durante un año su calidad. Otra alternativa es el reemplazante de calostro para reconstituir. Este debe contener un mínimo de 100 g de Ig bovinas derivadas del calostro, además del suero o plasma diseñado convenientemente para la mezcla o bien reconstituirlo con agua. Varios estudios concluyen que se requieren dosis de 150-200 g de IgG para una transferencia pasiva correcta. Esta práctica con calostro liofilizado ha demostrado ser útil para el control de la enfermedad de Johne (Pithua et al., 2009).

El modo de administración también es muy importante. Cuando la ternera toma el calostro a través de biberones, succionando por ella misma se produce un aumento en la tasa de FTP, debido a que la ternera no toma el volumen suficiente (Besser et al., 1991). Normalmente, los productores optan por usar sondas esofágicas para garantizar una transferencia aceptable, asegurándose de que se produce la ingesta de un volumen adecuado (Adams et al., 1985; Besser et al., 1991; Kaske et al., 2005).