Noticias Agosto 2008
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Un estudio, realizado para determinar los cambios que provoca el uso en las pezoneras, puso de manifiesto cambios evidentes en sus propiedades mecánicas. Mediante pruebas, muy diferentes a las realizadas por los fabricantes en sus controles de calidad, se detectó un incremento de la rigidez de hasta 4 veces la original por debajo de los 40-50 mm del borde superior. Esta rigidez es el resultado de cambios químicos en la goma de la pezonera, consecuencia de la absorción de ciertos derivados lácteos y de la pérdida de ciertos componentes (un 50% de aquéllos que le aportan plasticidad y un 100% de los antidegradantes) con la utilización y el paso del tiempo. La absorción de derivados lácteos, por su parte, favorece el depósito de calcio y fosfato en la superficie interna de la pezonera. Los cambios descritos serían los responsables de alteraciones en las fuerzas ejercidas sobre el pezón y de modificaciones en el flujo de leche. Los autores de este artículo publicado en el Journal of Dairy Science de junio, sugieren que estas observaciones podrían ser de gran utilidad para el diseño de nuevas pezoneras. El aumento de la incidencia de esta enfermedad en explotaciones lecheras estadounidenses ha permitido a Ruth Zadoks, investigadora en la Universidad de Cornell (EE UU), determinar ciertos factores relativos al control de Klebsiella, microorganismo causante de mamitis en el ganado lechero. Es imprescindible un diagnóstico que permita identificar correctamente entre las diferentes especies de coliformes. Una vez se ha determinado que se trata de gérmenes de la especie Klebsiella, debe caracterizarse la cepa responsable de la mamitis (en este caso, las técnicas moleculares como la PCR son de gran ayuda) y comprobar si la cepa identificada afecta a uno o varios animales, pues en ocasiones, en una explotación pueden encontrarse varias cepas y sólo una ser la causante de la mamitis contagiosa. A partir de aquí, debe evitarse la propagación de la bacteria en el ambiente mediante medidas que no sólo consisten en el cambio de cama de serrín o viruta por otra de naturaleza inorgánica (se pensaba que el origen de los brotes de Klebsiella residía en el uso de este material) sino en el control de otros factores ambientales implicados. Por último, en cuanto a la suplementación de la dieta con selenio y vitamina E, a diferencia de los buenos resultados que ofrecen para la prevención de mamitis por E. coli, se desconoce los efectos que pudieran tener frente a este patógeno. El mejor índice para valorar el bienestar de los animales es el índice de uso de los cubículos (cociente entre las vacas echadas en los cubículos y número total de vacas en el corral) según investigadores del Instituto de Investigación Agrícola H. W. Miner de Nueva York. La razón para considerar este índice más representativo del bienestar de los animales y no otros como son el índice de confort de las vacas o el índice de vacas paradas en el cubículo es que considera un mayor número de vacas en el corral (contabiliza las vacas en el corral y no sólo las que están en contacto con los cubículos). En cuanto al momento más adecuado, según los autores, sería por la mañana antes de suministrar el alimento, ya que es cuando se ha observado una menor variabilidad (inferior al 2%). El valor óptimo del índice de uso de cubículos sería el 75%, no obstante, en caso de no alcanzar este valor, se sugieren otros parámetros que también permitirían valorar el confort: la densidad de animales, la incidencia de cojeras, el diseño de los cubículos o el movimiento de los animales cuando entran o salen de los corrales. Eliminar el estrés es el objetivo primordial para aumentar el tiempo que las vacas pasan comiendo y durmiendo, según el responsable de una gran explotación lechera de Pensilvania (EE UU), que sugirió a los asistentes de su seminario en el marco de la Cumbre Lechera de Pensilvania que incentivaran a los empleados que manejaban correctamente al rebaño. Las medidas de manejo que se han aplicado en su explotación para conseguir este objetivo reducen el tiempo que las vacas deben permanecer en pie para pasar a la sala de ordeño (menos de 30 minutos), minimizan el estrés de las vacas durante el periparto al estabularlas en boxes individuales, evitan la competencia por el alimento al separar a los animales por edades y facilitan la utilización de cubículos al no sobrepasar densidades del 105% en el caso de vacas de alta producción o del 120% en el caso de vacas al final de la lactancia. Otra medida que en este caso afectaba a los operarios de la explotación es el despido de aquéllos que gritan o pegan a los animales. Una medida radical, pero que junto a las otras ha permitido que esta explotación de 1.200 animales tenga una media de producción que supera los 13.000 kg de leche por vaca. El manejo del estrés por calor es un desafío para los productores de leche, especialmente en estos años en los que las temperaturas ambiente durante el verano son cada vez más altas. Las medidas de manejo deben encaminarse en tres direcciones: dieta, disponibilidad de agua, y diseño de las explotaciones para favorecer la refrigeración de las naves (ventilación y sistemas de aspersión de agua). En el caso de la dieta, debe reducirse el porcentaje de materia seca, sustituyéndolo por ensilado de calidad y concentrado que aseguren el aporte de energía. Además, se recomienda administrar el 60% de la ración en las horas de menor calor (entre las 8 de la tarde y las 8 de la mañana). En cuanto a la disponibilidad de agua, no debe encontrarse alejada del lugar en el que se encuentren los animales, ya que son reacios a caminar más de 250 metros para beber. Según el autor, la utilización de aspersores únicamente no tiene grandes resultados a no ser que se acompañe de una corriente de aire que favorezca las pérdidas de temperatura por evaporación. Como última medida propone el aislamiento de los techos para evitar el calor derivado de la radiación solar. Se trata de una solución poco factible en instalaciones ya existentes, pero que debe tenerse en cuenta en el diseño de nuevas naves. Una encuesta realizada a 100 explotaciones lecheras del estado de Minnesota (EE UU) con recuentos de células somáticas en torno a las 100.000 cél./ml pusieron de manifiesto la gran utilidad de unas medidas de manejo adecuadas; las claves del éxito residían en la formación de los operarios y en protocolos de trabajo correctos. Las características de las explotaciones eran muy similares a las del entorno: diferentes sistemas de estabulación, tipos de cama (orgánica e inorgánica), salas de ordeño y frecuencias de ordeño. Sin embargo, todas las granjas coincidían en dos aspectos fundamentales: el factor humano y el de manejo. En lo referente al factor humano, se trataba de explotaciones proactivas que planeaban con anticipación la prevención de recuentos elevados de células somáticas; gestores y propietarios trabajaban en equipo dando prioridad a la comunicación; se daba formación constante en manejo lechero y calidad de leche y prevalecía la idea de que es preferible hacer bien una tarea a hacerla con rapidez. En cuanto a medidas de manejo, la higiene de los animales y de los cubículos (patas posteriores y ubres limpias, renovación de camas), así como los protocolos de ordeño (preparación preordeño durante 10-20 segundos, despuntado) y terapias de prevención frente a la mamitis (terapia de secado, utilización de selladores internos o raciones específicas para el secado) eran aplicadas en más del 70% de las explotaciones. Hasta ahora, la selección genética realizada para conseguir vacas más resistentes a la infección de la glándula mamaria por bacterias patógenas ha sido muy lenta, ya que se basaba en la búsqueda de toros cuyas hijas tenían una conformación de ubre concreta: pegada al cuerpo, con pezones no demasiado cortos o gruesos, con esfínteres cerrados, etc. Sin embargo, se está trabajando para encontrar rasgos alternativos de selección genética que ofrezcan resistencia hacia la mamitis y se transmitan con mayor rapidez a la descendencia. Concretamente, los investigadores buscan genes relacionados con el sistema inmune, que una vez identificados, permitan seleccionar vacas y toros. En este sentido, un grupo de científicos de la Universidad de Tennessee (EE UU) ya tienen localizado un marcador genético que, se cree, está relacionado con un rasgo de susceptibilidad a la mamitis y con la función protectora de los neutrófilos. Son resultados preliminares que deben seguir investigándose, no obstante, son alentadores y conducen a pensar en una selección genética futura basada en un sistema inmune que proteja a las vacas de las infecciones mamarias. Sistema Lactivate, limpieza eficiente en las instalaciones de ordeño El sistema Lactivate de limpieza de instalaciones lecheras, desarrollado por Ecolab, se basa en la actividad de la enzima lactoperoxidasa presente en los residuos de leche que quedan en las instalaciones de ordeño. Basta con un 1-5% de leche para poder desarrollar un proceso de limpieza que evitará aclarados y, en consecuencia, un consumo de agua y energía innecesario. Este sistema de lavado consiste en dos productos Lactivate Acid y Lactivate Clean. El primero elimina la piedra de la leche y asegura la activación de la purificación de la lactoperoxidasa y el segundo actúa como detergente. No son necesarios aclarados previos ni entre las limpiezas con estos productos, de manera que se evitan los aclarados realizados en los procedimientos tradicionales. El sistema ha sido validado por el instituto francés de l’Elevage. Sus resultados se han comprobado en condiciones de campo y, según la compañía, la leche obtenida es de gran calidad bacteriológica. Las ventajas que ofrece este sistema, además del ahorro de agua y energía, son que se evita la utilización de productos clorados o derivados del yodo, se necesita un menor volumen de producto (aplicados a una concentración del 25%) y por lo tanto se requiere menos espacio para almacenarlo.
El primer encuentro del European Mastitis Panel reunió en Holanda a 14 expertos en manejo lechero y calidad de leche, procedentes de 7 países. Esta reunión consistió en una combinación de clases prácticas y teóricas con visitas a explotaciones lecheras en las que se han instalado los sistemas de ordeño automático más modernos. En el marco de este encuentro, se intercambiaron experiencias y se discutieron aspectos clave para la comunicación veterinario-ganadero. Se analizó, fundamentalmente, la actitud de los ganaderos con respecto a su trabajo buscando alternativas que consiguieran despertar su interés y esfuerzo para obtener leche de mayor calidad. Se discutió el papel del veterinario que está afianzando su posición como asesor técnico, por lo que debe ser capaz de transmitir al ganadero la motivación para que éste realice su trabajo con una mayor disposición. Se coincidió en la dificultad que supone comunicarse con los ganaderos, conseguir que sigan las indicaciones del veterinario, y se reconoció la necesidad de modificar esta relación en la que el veterinario da instrucciones y el ganadero las sigue, por otra en la que exista un intercambio de información. De este modo, se conseguiría una mayor implicación del ganadero que contribuiría a mejorar su actitud. También con el mismo objetivo, se sugirió la posibilidad de realizar pequeñas reuniones formativas como aliciente para los ganaderos en las que se tratasen temas de higiene, manejo, terapia, alimentación, etc. Todos coincidieron en la dificultad para cambiar hábitos de trabajo, pero confían en poder llegar a obtener buenos resultados.
Dos tercios de la vaca son agua y perder un 20% de este volumen podría ser fatal para el animal, de manera que en verano, sobre todo, los esfuerzos deben dirigirse a favorecer el consumo de agua. En consecuencia, será necesario garantizar la disponibilidad de agua para todos los animales, distribuyendo bebederos por toda la explotación, especialmente a la salida de la sala de ordeño (las vacas beben un 50-60% del consumo de agua total diario inmediatamente después del ordeño). Puesto que todas irán a beber al mismo tiempo, deberán disponer de espacio suficiente para beber simultáneamente y abandonar el lugar sin molestarse (el autor sugiere de 30 a 60 cm por animal). Lo mismo ocurre con los bebederos instalados en los pasillos de cruce en naves con cubículos libres, las vacas deberán disponer de espacio para moverse sin molestar a las que están bebiendo (pasillos con un mínimo de 4 m de ancho serán suficiente). Debe tenerse en cuenta que las vacas no deben caminar más de 15 m para beber, por lo que los bebederos también deberán estar disponibles en la zona de comederos y, preferiblemente, protegidos del sol. Además, debe tenerse en cuenta la temperatura del agua. A las vacas les gusta tibia, incluso en verano, según se concluye en un estudio realizado en la Universidad de Texas A&M. La temperatura ideal es de 21 ºC. Tampoco hay que olvidar la calidad del agua. A las vacas les gusta beber agua limpia, de modo que la limpieza de los bebederos será rutinaria (semanal o diaria). Son recomendables los bebederos fáciles de limpiar y vaciar, así como una profundidad de agua de 15 a 30 cm (para evitar que el agua se estanque).
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| © Boehringer Ingelheim España, S.A. Div. Veterinaria | Modificado el: 02-Ene-2009 |